Choro del puerto: “Estos hueones de los políticos no hacen ni una hueá por uno, aparecen pa’ los votos no más”
Por Yanguas
Chorizo, personaje de Valparaíso (aunque nadie lo note), microempresario independiente y servidor público. Aquí va la historia huacho.
Para introducir habría que explicar dónde vive nuestro personaje, su entorno es fundamental. Montedónico es la última población de Valparaíso, hacia el lado de Playa Ancha. Está camino a Laguna Verde y es una mezcla de crudo cerro, medias aguas y medio oeste; las cosas allá son medio salvajes, las micros no llegan de noche y la ley es a punta de cuchillo y bravuconeo. De ahí es Jonathan Pizarro, 22 años, choro de puerto.
El “Yona” se levanta todos los días de Dios a eso de las nueve de la mañana, excepto los domingos porque va al partío, y los sábados porque viene del carrete del viernes, y a veces, por supuesto, los lunes, porque amanece muy molido por el partido del domingo. Apenas abre los ojos se pone a pensar a dónde le tocará ir hoy a trabajar. Es que su trabajo es móvil, “de campo”, nada de oficinas ni rutinas ni jefes paqueando, porque además se manda solo. Es independiente.
La pega del choro Yona es bien simple, se sube a una cromi, pidiéndole permiso al estimado chofer, y no se baja hasta que por la ventana cacha un buen hoyo en la calle, un “evento” como siúticamente le ponen en la tele, uno de esos majestuosos ejemplares que nada tienen que envidiarle a los hoyos del primer mundo. Un pedazo de pavimento que dejó de existir hace harto tiempo y que dio paso a un monumento nacional que se ha venido profundizando gracias al paso de los tocos, y claro, gracias también a la despreocupación de los pollos del gobierno y la muni´ que le hacen el quite a esta pega.
Con sus dos baldes, que llena de tierra por ahí, cerca de donde se baja de la micro, va rellenando el hoyito hasta que se forma un cerrito de tierra suelta, a veces también les echa piedras cuando encuentra, dice que así dura más la tapá´. Con el paso de las micros y una mojada loca que le echa a la tierra el montón se va aplanando y poniendo duro, lo que es agradecido por los conductores, especialmente por los de vehículos grandes, que le tiran varias monedas a los baldes que el Yona levanta para pedir propinas.
A las dos y media ya ta’ de vovi con el “evento”. Así que partimos al Maison Dore, un antro del barrio puerto. Yo me comí un plato de porotos con vienesas por siete gambas y él uno de fideos con salsa por las mismas monedas. Estaba chato de los porotos, me dijo. Lo tuve que invitar a almorzar a cambio de la entrevista, pensé que era un cambio justo, total fue solo una luca y media y la micro gratis. El chorizo conocía al “tío” de la máquina.
Me cuenta que se va con 8 luquitas, que más o menos eso es lo que se hace siempre. “Terrible güeno”, pienso yo, tomando en cuenta que empieza a cobrar como a las 10, después de tapar el hoyo. Que comostuvogüeno me va a invitar una chelita y si hay mano su pituza pa’ bajar los porotos. Le acepto la cerveza.
P: ¿Y qué hacís con las moneas?… shh, ganai más plata que yo…
Y: Yiaaaaa… no pasa naipe, las moneas hay que gastárselas, poh choro. Ponte: hay que comprarle leche al Bairon, hay que comprarle sus hueaítas al Matías que va al colegio y hueá, sus hueás a la pierna pa’ que no hueée… jajaja… hay que tener moneas pa’ la otra huacha –que ‘ta entera rica y le gusta el hueéo, que la disco y hueá- sus moneas pa’l estadio-hay que ir a ver al Wander´- y sus moneas pa’ la mente igual po, pa’ salir con los cabros, su chela, su pito…
P: ¿Y qué haciai antes de tapar hoyos, o qué hacís cuando ta’ lloviendo o están todos los hoyos tapaos (jajaja)?
Y: Salgo a perchar poh choro… jajaja, no, calmao, huacho, calmao, si no, calmao, no pasa ná. Puta, antes hueviaba no más po. Te salvai haciendo cualquier hueá, en la contru´ o vendís cidis, cualquier hueá, pero es su hueéo porque tenís que andar vío´ pa´que los pacos no te calcen…
Siga leyendo esta entrevista en la edición impresa número 4 de Revista Pólvora…

