Los sospechosos de siempre
Por Sergio Jara Roman
Tener acciones o inversiones en determinadas áreas de la economía nacional no es un delito. Si no, que lo diga Sebastián Piñera, quien posee aún más de mil millones de dólares en acciones y no tiene problemas en presentarse como candidato a la primera magistratura del país, pese al conflicto de interés que puede generar con sus propiedades.
Ser requerido por la justicia y probar su inocencia, tampoco es delito. Si no, que lo diga nuevamente Piñera, quien por estos días ha sido el blanco de múltiples ataques por su participación como gerente General del Banco de Talca en 1982, llevándolo a la quiebra, levantando supuestamente sociedades fantasmas y además, incitando a concretar una serie de negocios cruzados entre los dueños de la entidad bancaria.
El problema está, cuando un aspirante a La Moneda niega todo esto. Surgen entonces, declaraciones de los actores de la época, acusaciones de montaje, y de paso, nuevos antecedentes que ponen en tela de juicio la probidad del candidato y lo hacen aparecer una vez más como sospechoso. Pero Piñera no baila sólo en esto. Su principal contendor, el ex Presidente Eduardo Frei, también tiene lo suyo en el ámbito de los negocios y el medio ambiente que por lo menos, lo hacen aparecer como otro de los sospechosos de siempre.
LOS NEGOCIOS QUE NO DEJÓ FREI
Corría el año 1988 y Eduardo Frei, quizás ya con el ojo puesto en su candidatura presidencial de 1993, subía por el antiguo ascensor Mac Iver N° 225 hasta la oficina número 302 del céntrico edificio. Su destino era la Notaría de Raúl Undurraga Laso, lugar donde firmó los papeles que lo desvincularon de las empresas Ingeniería y Maquinarias Limitada, Viviendas Económicas Inmaq, Sigdo- Koppers Comercial Limitada, Ingeniería Sigdo-Koppers Limitada y Sigdo-Koppers Forestal Limitada.
Según consta en una investigación hecha por Cristián Opazo, profesional vinculado al Grupo de Acción por el Biobío (GABB), el día anterior, en la misma notaría, se suscribió la escritura pública que detalla el precio por la venta de sus derechos a otros socios. El precio total fue de 149.887 UF por 50 mil acciones de la sociedad (US$ 2.631.000 dólares, valor de 1988). Sin embargo, el mismo día que Frei se retiró de esas sociedades, y en la misma notaría, dos abogados, Juan Esteban Correa y Alberto Coddou Claramunt, constituyeron una sociedad anónima cerrada denominada «Inversiones Saturno S.A.», cuyos objetivos sociales son por una parte, la compra y venta de toda clase de bienes raíces y muebles y, por otra, «la inversión en acciones, derechos en toda clase de sociedades, bonos debentures y todo tipo de instrumentos financieros, bancarios y mercantiles».
La sociedad declaró un capital de $1.000.000 de pesos (U$ 4.052 de la época) dividido en 100 acciones. En los informes comerciales de DICOM, según el investigador, no aparece esta sociedad como propiedad del ex Presidente. En cambio, aparecen antecedentes de una transacción por la cual, por escritura pública del 31 de agosto de 1994, Frei y su esposa aparecen VENDIENDO a Inversiones Saturno todos sus derechos en una de las sociedades en que hasta entonces tenían participación: Inversiones y Servicios Batzan. Inversiones Saturno quedó «como continuadora de su giro, responsable de sus obligaciones y exclusivo dueño de todos sus bienes». Lo curioso es que, revisando el archivo judicial, se descubre que los accionistas de esta sociedad son precisamente el ex Presidente y su señora…
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