Pogo: “Yo soy muy educado y vivo en un país de rotos”
Con acento españolizado y la piel más curtida de la que mostrara la última vez que lo vimos en los gloriosos años de Síndrome de Camboya, Pogo nos recibió en su estudio de grabación para hablar de la vuelta a los escenarios de Los Peores de Chile y las sensaciones que le trae el “maldito” Santiago de estos días. En estas calles y bares, se mueve uno de los fundadores de la movida punketa nacional. No le agrada, pero tampoco le hace asco. Acá, aclara qué se puede esperar de su regreso y cómo convive con una ciudad que pareciera irle cuesta arriba.
Por Monserrat Parraguez y Yanguas
Una vez, cuando tenía como 15 años, un viejo vestido de terno en la calle me preguntó por qué tenía garabatos escritos en mi mochila. Le respondí que era para insultar al sistema, a la sociedad, que todo estaba mal y que yo estaba en contra de eso. El viejo sonrió y me dijo: “cuando crezcas verás las cosas de otra forma, serás como yo y te olvidarás de esos insultos en tu mochila”.
En efecto, las cosas en mi cabeza han cambiado un poco desde ese tiempo -no demasiado- pero lo suficiente como para dejar de llevar esos insultos como insignia. A otros en cambio, eso no les ha pasado, han podido permanecer consecuentes a sus ideas de juventud, a fuerza de resistencia. Pogo por ejemplo, sigue siendo hoy a los 52 años, el mismo cabro punk y jodidamente rockero que debió ser a los 15. No ha transado nada, salvo la natural pérdida de energía física que deja el paso del tiempo.
Mario Carneiro, su nombre terrenal, tiene una vida acorde al espíritu Punk. No le hace reverencias a ningún payaso con el título de jefe, no se viste de traje, tiene arrugas y la piel ajada, pero aparece entre la gente con jeans y un polerón con capucha, un look alejado de lo que se espera de un “caballero de 50 años”. Pogo, bien podría ser mi papá, llegar de la pega y sentarse con la vieja a ver al Kike, en cambio, aún “pololea” y por las noches se transforma en un esclavo de las guitarras distorsionadas, salta y grita, despotrica en contra del sistema, la sociedad, etc.
Está de vuelta en Santiago, de vuelta con los suyos, Los Peores de Chile, en una reunión que él mismo reconoce no le interesaba para nada, pero al verse sin banda, tras perder -por su propia culpa- a “Locos por Larry”, y saber del interés de varios productores y del propio público, por revivir a Peores, decidió aceptar y volver a cantar la Cicciolina.
“Hace unos días que empezamos a componer, para mi nos estábamos transformando en una banda de covers de nosotros mismos, cosa que no quería que sucediera, pero eso ya está quedando atrás, estamos componiendo nuevos temas y por lo visto ya va a salir el tercer disco, no se cuando, pero va a salir, estamos en eso”.
Pogo es considerado uno de los precursores de la atrasada escena punketa nacional y en el pasado, quizás por esa misma pose anti sistémica que caracteriza a esa movida, solía “mostrarle el culo a Santiago”, pues según dice, “es la peor ciudad para vivir”. Sin embargo, hoy ha vuelto a instalarse en la capital y no por una inconsecuencia de su discurso, si no porque “es el centro de todas las chorradas”.
“La ciudad es infecta, pero no la culpo, creo que son los 6 millones de cretinos que viven aquí, no los soporto, aún así, creo que es el único sitio donde se puede trabajar, medianamente. Lo intenté en Valparaíso y me encontré con una ciudad con una depresión congénita grave. Pensé en todo lo que me esperaba de una ciudad hermosa, de un lugar ideal para crear, pero me encontré con una ciudad depresiva, con gente apática y con cierto grado de decadencia. Los universitarios no eran más que un montón de curados que andaban todo el día con una caja de vino bajo el brazo, quedé muy decepcionado. Así que acá estoy en Santiago, y a mí no me agrada, no me agrada el santiaguino ni su manera de ser, pero están saliendo conciertos, estamos haciendo muchas tocatas, la primera la hicimos en regiones porque era como un símbolo para decir “detesto Santiago”, y precisamente por eso, queríamos hacer en regiones nuestro concierto y lo hicimos en Coquimbo”.
En el tiempo en que Los Peores de Chile han estado fuera de los escenarios, el país ha cambiado, ya no somos los jaguares de Latinoamérica, quizás con un poco de puje nos alcanza para orangutanes. Por lo menos eso parecemos cuando nos subimos al metro o a una micro en Santiago, y ciertamente algunos sabios conductores de nuestros destinos políticos tienen una obvia semejanza con aquellos primates. Pogo sabe de ese cambio y también aplica su crítica en ese sentido, eso sí, reconociendo que todo se debe a resabios de una imbecilidad ancestral.
“La sociedad chilena está en un grado terminal de enfermedad psico-social. Me siento en una ciudad que no es la mía, cobijado en un entorno que es demasiado agresivo, yo soy muy educado y vivo en un país de rotos, con un 98% de rotos. Rotos con plata, rotos sin plata, rotos negros chicos, rotos rubios altos, rotos que andan en Mercedes Benz y rotos que andan en micro, son todos rotos. Esa movida a mi me desagrada, porque estoy acostumbrado a otro tipo de sociedad, la que viví con mis padres, en mi casa, mi barrio, mi familia, y que eran muy educados. Luego la sociedad que viví en Europa, que nos lleva mil años por delante en todo sentido, y de pronto estoy acá, sumido en una selva donde todos están tratando de matarse por un pedazo de pan, ni siquiera por cosas grandes”.
“Entonces veo que la cosa está gravísima y lo peor de todo, es que parece que inevitablemente vamos hacia un gobierno de ultra-derecha nuevamente. Me imaginaba que no podía haber medio país dispuesto a aceptar eso ¿no? Cuando casi la mitad del país votó por que todo siguiera igual, ahí me di cuenta que este país vale una mierda, que el chileno vale una callampa.”
Pogo no se equivoca, el chileno medio es huevón con ganas, somos de los que dejamos que nos metan harto más que el dedo en la boca una y otra vez, hay que ver: los quesitos mágicos, el Transantiago, los cobros en la luz, el Transantiago, el hospital de Talca, el Transantiago, etc. No obstante, Mario Carneiro de huevón tiene bien poco. Muy Punk podrá ser, pero este tipo no le mendiga un peso a nadie, no es de andar pidiendo plata en las esquinas. Se las ha arreglado bien cuando lo de la música no ha caminado. Le hace al diseño gráfico, hace trabajos freelance, escribe, bla, bla, bla. Incluso, en los tiempos de éxito, supo pensar fríamente y no dejarse llevar por la crítica fácil de sus pseudo fanáticos.
“Mucha gente dice ¿cómo pudiste haber ido a Martes 13?, y yo digo, tío, ustedes critican porque jamás han ido a Martes 13 y jamás nadie los va a pescar, pero para mí fue la mejor plataforma, porque llegamos a un público al que jamás íbamos a llegar. Normalmente, nosotros vamos y tocamos para 100 o 50 personas, todos punkies y la mitad de esos están borrachos, así que ni siquiera nos ven, en cambio, ahí tocamos y nos vieron que sé yo, unas 500 mil o un millón de personas, todo Chile. Y quedamos perfecto, nos pagaron un millón de pesos, cambiamos todos nuestros equipos ordinarios que teníamos gracias a ese programa. Ojala más Martes 13, Sábados Gigante y Morandé con Compañía nos invitaran, no tengo por qué estar diciéndole que no porque no me gusta su programa, o porque no soy de su estilo, no. Tengo que tocar, se acaba”.
Han pasado 12 años desde que dejaron de tocar Los Peores, ¿te parece que tienes la energía para tocar como lo hacían antes?
“Yo me noto que la banda está mucho más matadora que como estaba antes. La banda tiene mucho más power, estamos más sueltos en el escenario, no andamos tan duros, en el sentido de nerviosos ja, ja, ja, y no, ¡la cosa está guay! Sobre todo cuando alguien como yo, que tiene 52 tacos tía, todavía estoy haciendo música, y hago bailar a chavales, de 15, 17 años. Ahora, me duele la espalda terriblemente, pero es por la bicicleta, no porque estoy viejo. Y sí, a veces me molesta un poco salir a las 11 de la noche del ensayo e irme a mí casa en bicicleta, que son prácticamente 50 o 60 cuadras que tengo que andar, porque voy de Santiago Centro y tengo que ir hasta Vitacura. Son chorradas que no las tomo con tanta simpatía como antes, pero es que en realidad yo hace 12 años ya era viejo, así que no puedo decir que cuando tenía 18 y tal. Cuando estaba tocando en Los Fiskales, tenía treinta y tantos, era un viejo de mierda. Ahora, tengo 52 y estoy peor, pero creo que la cabeza me sigue funcionando igual, estoy más maduro en cuanto a la creatividad”.
Pogo tiene el espíritu del Rock and Roll y del Punk en cada gota de sangre. Si esta vuelta de los Peores de Chile se vuelve a arruinar, lo más seguro es que sea su culpa, como lo fue antes y como también lo fue en Locos por Larry. Seguramente se emborrachará hasta la inconsciencia y desaparecerá del escenario dejando a sus compañeros abandonados. No tiene nada de malo, sin esos excesos ni los errores que lo acompañan, no sería quien es, ni emanaría ese aire de verdadero rockstar de nuestro país de simios, no como esos rockeros de cartón de La Ley (aaahhhggg!). Si Pogo un día de estos muere, probablemente también lo haga a su estilo, no lo veo muriendo de viejo en un hospital, si no saltando al vacío a 200 km/h en un auto descapotable. Creo que ese es el espíritu, y creo que lo logra, principalmente porque no se vale del mohicano azul o de las puntas metálicas para demostrarlo, si no solo de su sencilla y jodida forma de ser.


mal…..mas que una entrevista un ensayo de grupie
Aguante Pogo: Es cierto esta lleno de rotos este paìs, individualsitas, amargos y con trastornos del ànimo severos y perversos.
Ahora eso de Valpo ajijiajiaijjiajiajiijajijiajiajijia, me encantan sus cariñosos borrachos y el pichi.
Què es depresiòn?????????”